sábado, 9 de agosto de 2014

El trueno

Los chinos conocían la pólvora desde al menos el siglo IX, el tratado Zhenyuan Miaodao Yaolue (datado en el año 850) , perteneciente a la dinastía Tang, deja claro que si se mezclan azufre, salitre, miel y algo llamado "rejalgar" se producen humo y llamas. De hecho advertía que quienes habían aplicado calor a este brebaje habían sufrido quemaduras en la cara y en las manos e incluso la casa entera en la que trabajaban se había quemado. Sin embargo, el primer uso militar conocido de la pólvora fue en el asedio de Tang en 904. Los ingenieros Tang utilizaron catapultas para lanzar trozos ardientes de pólvora de quemado lento hacia las posiciones enemigas. Era una mezcla de tecnologías antiguas y modernas, y parecían trabajar juntas muy bien. Las máquinas utillizadas en estas operaciones se denominaban fei huo o catapultas de fuego volador.

La Dinastía Song (960–1279 AD) fue la primera en la historia en usar una clase de cohetes propulsados con pólvora. Así como también un "lanzador atronador de nubes voladoras" (fei yun pi-li pao) mencionado en el escrito de Jiao Yu Huolongjing (s.XIV):

Los recipientes están hechos de hierro fundido, tan grandes como un tazón y con forma de balón. En su interior contienen media libra de pólvora 'mágica'. Se envían por el aire contra el campamento enemigo desde un propulsor; y cuando llegan a su destino se oye un sonido similar al de un trueno, viéndose también destellos de luz. Si diez de estos depósitos son proyectados exitosamente contra el campamento enemigo, el lugar entero estará en llamas.

La bomba de carcasa blanda, también llamada pi li pao o bomba de trueno, era esencialmente un tubo de bambú hueco con un fusible en su núcleo. Alrededor del bambú se empaquetaban unas 30 piezas de porcelana junto con la pólvora y capas de papel. Cuando se encendía el fusible, podían lanzarse desde las murallas de una ciudad asediada con un efecto devastador. La bomba de carcasa dura, o zhen tian lei ("trueno" o literalmente "trueno que agita el cielo"), era una variación del mismo concepto. Normalmente se les atribuye a los Jin, la dinastía de un pueblo jurchen que dominó el norte de China a comienzos del s.XIII. Las bombas tenían forma de calabaza y estaban hechas de hierro con un grosor de 50 cm. Cuando detonaban los trozos de hierro volaban por el aire como la metralla moderna. Básicamente estamos hablando del primer uso conocido de cartuchos. Es muy probable que el uso de cartuchos o bombas propias del trueno pasase a los truenos de mano o escopetas, siendo un rasgo típico de este arma que la diferenció de otras (arcabuces o mosquetes) que lanzan principalmente pelotas o balas.

El conocimiento de la pólvora y las pistolas se desplazó a Occidente por varias vías comerciales, incluída la ruta de la seda. Los árabes hacían de comerciantes intermediarios para más objetos que los de lujo, como la seda y las especias, y fueron también transmisores de nuevas ideas. Los europeos conocieron la pólvora por ellos. En el siglo XI los moros de Túnez, en una batalla naval que sostuvieron contra los musulmanes sevillanos combatieron con piezas cuya fuerza comburente, esplosiva y motriz les era conocida.

En el sitio de Zaragoza (1180), el rey Alonso I de Aragón hizo uso de truenos:

No se descuidó Aben-Ramir, en buscar gente de los montes de Afranc, y con infinita chusma de gente vinieron a cercar la ciudad de Zaragoza, y ordenaron sus combates, y labraron torres de madera que conducían con bueyes y ponían sobre ellos truenos y otras veinte máquinas. Conde: Historia de la Dominación de los árabes.

En el sitio de Silvez (Portugal), a fines del s.XII, el rey Sancho I mandó disparar a una torre con grandes tiros e grossos de polvora (Crónica de Sancho I de Portugal). Otro tanto sucedió en Niebla en 1256. En la expugnación de Córdoba por Alfonso el sabio, auxiliado por Aben-Juzeb que lo era de Sevilla en el año 1280, combatieron la ciudad con muchas máquinas y truenos (Historia de la dominación de los árabes). En 1279 Alfonso X empleó en su ataque sobre Algeciras maquinas de batir y truenos. En 1325 Ismail fue a cercar la ciudad de Baza que habían tomado los cristianos ; acampó y fortificó su real, combatió la ciudad de día y de noche con máquinas e ingenios que lanzaban globos de fuego con grandes truenos, todo semejante a los rayos de las tempestades, y hacían gran estrago en los muros y torres de la ciudad. Historia de la dominación de los árabes.

Cuando los musulmanes granadinos movieron su ejército en 1331 para atacar la plaza de Alicante, llevaban artillería y pólvora poniendo gran terror una nueva invención de combate con que llevaban pelotas de hierro que lanzaban con fuego. Zurita: Anales de Aragón. Esta noticia viene confirmada en una carta que el ayuntamiento de Alicante dirigió al rey Alonso IV de Aragón y en el que le decía que los moros habían tirado moltes pilotes de fer gitarles Ilnins ab foch. Abate Andrés: Historia de la literatura.

Juzel Ben Ismail, rey de Granada, marchó en 1341 a la conquista de Baza con el apoyo de Fez-Ali-Abul-Hasan y principiaron a combatirla con máquinas e ingenios de truenos que lanzaban balas de fierro grandes con nafta causando gran destrucción en sus bien torreados muros. Historia de la dominación de los árabes.

Dicen los historiadores árabes que en el sitio que puso a Algeciras el rey Alonso XI de Castilla en 1342, levantaron los cristianos grandes máquinas y torres de madera para combatir la ciudad, y los musulmanes las destruían con piedras que tiraban desde los muros y ardientes balas de hierro que lanzaban con tronante nafta que las derribaba y hacían gran daño en los del campo. La crónica de aquel monarca confirma este hecho, añadiendo que los moros de la ciudad lanzaban muchos truenos contra la hueste enque arrojaban muchas pellas (pelotas) de hierro muy grandes y arrojábanlas lejos de la ciudad que pasaban allende de las huestes algunas de ellas et algunas ferian en la hueste de que los hommes habían muy grande espanto; ca en cualquier miembro del home que diese, levavalo á cercen como si ge lo cortasen con cochiello et quanto quiera poco que homo fuere ferido d'ella, luego era muerto, et non habia cerurgia ninguna que le pudiese aprovechar, lo uno porque venia ardiendo como fuego, et lo otro porque los polvos con que la lanzaban eran de tal natura que cualquier llaga que ficiera, luego era el home muerto (5). Y en el capítulo 338 refiere que entraron en la cibdad cinco zabras e saetias cargadas de farina et de miel, et de manteca, et de pólvora con que lanzaban las piedras de trueno. Crónica de Alonso XI.

Por último en 1411 Pedro de Urrea ataca Morés utilizando para ello un trueno. El trueno debió ser arma de gran tamaño, pues en el inventario de un castillo español (1478) encontramos una barjoleta con pelotas y pólvora, un trueno de mano, un molde de pelotas, un cántaro de pólvora y otro de salitre, un trueno con un carretón. También tuvo su versión portátil llamada "trueno de mano", que los italianos llamaban scopietta y más tarde en España se conoció como escopeta.

Las citas arriba mencionadas sobre el uso del trueno en la España medieval fueron aportadas por Serafín María de Sotto (conde de Clonard. 1793-1862), hombre de gran sapiencia y prestigio en su época. Entre otras cosas fue teniente general de artillería, historiador militar y político. Su trabajo ha sido ignorado hasta tal punto (a pesar de haber pruebas fehacientes publicadas hace más de 150 años) que incluso hoy día muy pocos son los que piensan que España fue pionera en Europa con el uso militar de la pólvora. Imagínese el lector si estos manuscritos hubieran sido franceses o ingleses, sobran los comentarios. Les dejo con una interesantísima cita del señor conde con respecto al asunto:

Habrá quizás quien se resista a reconocer la artillería en lo que nuestros antepasados llamaban "trueno", apoyándose en la autoridad de algunos escritores que dicen ser el trueno una especie de almojaneque o fundíbalo. Pero se echa de ver fácilmente que carece de fundamento la opinión de estos escritores. Desde luego se observa en casi todos los historiadores que cuando hablan de los medios empleados para atacar alguna plaza, hacen una distinción de las máquinas y truenos, lo que prueba que estos últimos no pertenecían a la antigua tormentaria. Además el almojaneque y el fundíbulo no reconocían más fuerza motriz que la del brazo del hombre; y el trueno obraba a impulsos de la "tronante nafta" y "lanzaba pelotas de fuego, y lanzábalas tan lejos de la cibdad que pasaban allende de las huestes algunas d'ellas". Pero aún cuando no fuese esto así, aún cuando tuviese algún viso de verdad la opinión que aquí combato, no por eso fuera menos cierto que los españoles de ambas religiones fueron los primeros que conocieron y usaron la pólvora en Europa. Pues sábese por la crónica arriba citada del rey Don Sancho I, que en el sitio de Silvez se atacó "una torre con grossos de polvora" a fines del s.XII, y que en el siguiente hablan de ella varios escritores como de cosa existente y admitida en el arte de la guerra.

Probado ya el uso de la pólvora en España antes que en cualquier otro país de Europa cuadra también a mi propósito decir algo acerca de su elaboración. No ha faltado quien dijera que los moros eran los únicos que fabricaban la pólvora, y que de estos la tomaban los españoles. Pero este aserto no tiene más fundamento que uno de tantos paralogismos como crea la ignorancia o una crítica demasiado escrupulosa y suspicaz.

En España no escaseaba ninguno de los elementos precisos para la elaboración de la pólvora. Los españoles hacían un gran comercio de drogas, tanto del país como del Oriente, ya para la medicina, ya para diversas composiciones químicas. En los archivos monacales, fueros, escrituras, cartas-pueblas, tarifas de pontazgos y portazgos, aduanas, cuentas o "comptos" de la casa real de Navarra y en otros muchos documentos que he examinado detenidamente, se hallan datos que hacen mención del petróleo o nafta blanco, del nitro y salitre, azufre, alumbre blanco, tártaro, colofonia, pez griega, terebinto, bol arménico, serapia o sagapeno, glassa, amoniaco, gálbano, láudano, alleyron, cera virgen, triaca magna, alcohol, alquitrán llamado también nafta negra, alcanfor, trementina, mastich, incienso, sangre de drago, cañafístula y otras muchas gomas, resinas, sales y sustancias bituminosas.

Y siendo conocidas todas estas drogas en la Edad Media como lo estaban, ya por los castellanos, ya por los aragoneses y navarros, ¿dejaría de progresar la química y de caminar hacia su perfección? Verdad es que las preocupaciones de las época opondrían grandes obstáculos a sus adelantos; pero lo es también que muchas veces las mismas dificultades que encuentra la ciencia sobre su marcha, precipitan su desarrollo, porque sabido es que las ideas, cuando se hallan comprimidas, ganan en intensidad todo lo que pierden en extensión.

Esta consideración no deja de tener su valor en la cuestión presente. Ella induce a creen si esfuerzo que los españoles, cuando principiaron a hacer uso de la pólvora, no debían desconocer el secreto de su elaboración, sin embargo hasta principios del s.XV no se encuentra ningún escrito que nos revele los elementos que en ella entraban, ni las proporciones en que se empleaban. De este tiempo tampoco existe publicación alguna que lo manifieste. Pero desaraparece la incertidumbre y se desvanecen todas las dudas ante el manuscrito anónimo que tantas veces llevo ya citado y que no sin fundamento puede atribuirse al laborioso e inteligente marqués de Villena, cuyo laboratorio químico aún se ve en Toledo en la casa que vivió el israelita Samuel Levi, tesorero del rey Pedro de Castilla. En este escrito se encuentran varios pasajes en que su autor establece las reglas que se han de observar para la confección de la pólvora:

"Póngase en agua sal de nitro por cuatro o cinco horas hasta que se deshaga, luego tritúrese azufre vivo y échese en la misma agua con aceite de linaza hasta que se reduzca a una masa que se secará al sol; y seguidamente puede molerse bien, con lo cual se tiene la pólvora; témplese después el alumbre blanco con cal viva haciéndolo polvos, y en la cantidad que se quiera mézclese en la pólvora, pero guárdese de meter la mano porque es verdadera la receta".

Y en otra parte añade "esta pólvora es muy fuerte para romper cualquier cuerpo. Al efecto tómese dos partes de salitre y una de sal tártaro, cuatro de nitro y una de carbón bien molido, y de todo esto se hace la pólvora del cañón. Y si se mezcla esta pólvora con cal viva y clara de huevo le dará más fuerza para dañar". Por fin para otra pólvora de trueno previene: " Tómese un terrón de salitre de peso de diez y seis dineros, otro de azufre de tres dineros, y otro de carbón de sauce o de sarmiento, de peso de diez dineros, y con todo esto mezclado se forma una mezcla excelente". En el mismo opúsculo se halla otra combinación química de la cual resulta una especie de metralla, de que ha podido tomar origen el proyectil que con este nombre se usa hoy día en la artillería, quedando así destruída la presunción de los franceses que creen ser los autores de este invento.


"Se tomará doble cantidad de pólvora de lo que se ha dicho antes o sean cuatro libras y una mitad de pez, o sean dos libras; y todo esto se dejará hervir. En este estado tómense clavos puntiagudos que se calentarán un poco al fuego y se bañarán, formando tal liga, que a cualquiera parte que se dirija el tiro, incendiarán y aún destruirán las máquinas de guerra o ingenios. También se pueden meter los clavos en saquillos bien apretados a manera de duelas de tonel, mojando antes en el mismo ingrediente la punta del saquillo, y arrojándolos encendidos no habrá nada que se les resista".

jueves, 31 de julio de 2014

La escopeta (I)

Me atrevo a afirmar que la escopeta es la única arma de fuego portátil que ha sobrevivido hasta hoy desde el medievo. Teniendo además un gran arraigo en España, tanto en el campo militar como cinegético. El origen del vocablo viene del italiano antiguo scoppieta o scoppieto, diminutivo de schioppo, propiamente "explosión, estallido", procedente del latín tardío stloppus "estallido" (producido por un dedo dentro de la boca), voz de origen onomatopéyico. Para comprender bien el origen del arma debemos repasar un poco la historia del uso de la pólvora.






Los musulmanes introdujeron la pólvora en España en el s.XI, sin embargo no fue hasta el XIV cuando empieza a popularizarse la artillería de pólvora en los asedios, principalmente las piezas de gran calibre (bombardas, pasavolantes, etc.). Cabe reseñar que hubo un paso intermedio del que se habla poco debido a la falta de documentación, me refiero a la ballesta. Tanto el mosquete como el arcabuz y la escopeta están ligadas etimológica e históricamente a la ballesta. No olvidemos que era el arma artillera por excelencia de la Baja Edad Media en occidente. Los ingenieros de asedio debieron admirar el efecto mortal de las bombardas, capaces de arrojar inmensas pelotas de piedra con mayor fuerza que los trabucos tradicionales. Ellos sabían bien que en un asedio como Dios manda no solo se lanzan piedras, sino también grandes saetas o flechas por medio de balistas, escorpiones u otros ingenios.




La ilustración más antigua que se conoce en Europa de armas con el uso de pólvora se encuentra en el manuscrito inglés de Walter de Millmete (1326), en él se aprecia una especie de jarrón del que sale proyectada una saeta; un soldado acciona la pólvora a distancia por medio de una mecha atada a un palo, en Francia se llamó "pot de fer" en Italia "Vase". En 1374 se habla en Zaragoza de "ballestas de trueno". Este fue el primer nombre dado al arma consistente en una modificación de la ballesta ordinaria sustituyendo primero el canal por un tubo, para disparar cuadrillos y después la verga y cuerda por la pólvora. Abajo el manuscrito de Walter Millmete.




Las ballestas de trueno duraron pocos años, pues en Castilla los moros usaron durante la batalla de Egea (1394) "truenos de mano", consistentes en un tubo corto de hierro forjado que lanzaba pelotas de plomo o hierro emplomado gracias a la pólvora. Un ejemplar existente de "trueno de mano" es el llamado de Tannenberg, datado en 1399 o incluso antes. Para asirlo, el cañón iba unido a una vara de madera. El mecanismo de estas primitivas armas sería muy simple, el artillero acercaba un carbón o mecha encendida al oído (pequeño agujero) del cañon, produciendo una explosión que arrojaba la pelota hacia fuera. Obviamente el usuario no podía siquiera apuntar, con lo que suponemos se empleaba principalmente en batallas navales o en asedios contra grandes blancos o masas de enemigos. En Italia el "trueno" (de mayor calibre) se conocía con el nombre de "schioppo", y el trueno de mano "scoppieta", su diminutivo. No es coincidencia, además, que tanto "trueno" como "escopeta" tengan en su raíz etimológica la acepción de "estallar", "explotar".






Como mínimo desde comienzos del s.XV aparece en escena la llave de mecha o de serpentín. El revolucionario invento coincidió en fecha (y no por casualidad) con la aparición de una buena variedad de armas de fuego portátiles: mosquetes, arcabuces, culebrinas de mano, cerbatanas, esmeriles, etc. El mecanismo es sencillo pero eficaz: El gatillo acciona hacia abajo la llave (en forma de s) que contiene una mecha encendida, ésta prende la pólvora situada en el oído y se produce el disparo. Por primera vez el tirador puede tomarse su tiempo para apuntar antes de disparar. Aún así el sistema de carga antigua no dejó de usarse definitivamente hasta comienzos del s.XVI. 




Los truenos (versión no portátil) y los truenos de manos siguieron usándose en España durante todo el s.XV, si bien de forma minoritaria y en casos concretos (asedios o defensas de fortalezas), ya que la ballesta de torno seguía siendo el arma de artillería portátil por excelencia. Así en el inventario de un castillo español (1478) aparecen entre otras armas "espingardas con una barrena y un atacador, una barjoleta con pelotas y pólvora, un trueno de mano, un molde de pelotas, un cántaro de pólvora y otro de salitre, un trueno con un carretón". En las guerras de Granada el arma portátil de fuego más popular fue la espingarda, posiblemente la primera de estas características que llegó a ser usada de modo masivo. Los llamados "espingarderos" junto a los ballesteros fueron decisivos en las batallas libradas en España durante el último cuarto del s.XV. Abajo escopetero y ballestero de finales del s.XV.






La palabra "escopeta" aparece en español a finales del s.XV. Con el decreto de organización de una fuerza armada a sueldo del estado, en 1493 comenzó a introducirse la escopeta como arma de caballería. Además el 22 de Febrero de 1496 se decretó el uso de la escopeta para la infantería española. Al parecer fue el Gran Capitán quien dio el visto bueno para la adopción del arma con vista a las guerras en Italia de aquel momento. No cabe duda que fueron los armeros italianos (de gran reputación en aquella fecha) los que "inventaron" el artilugio, todo ello favorecido por el hecho de que parte de Italia pertenecía al Reino de Aragón. En realidad no inventaron nada nuevo, tan solo mejoraron los "truenos de mano" ya existentes, dotándolos de la posibilidad de cargarlos directamente por la recámara (retrocarga), dicho avance permitió una tasa de fuego mucho mayor. De ahí pueda explicarse que la espingarda fueran rápidamente desbancada por la escopeta antes de terminar la centuria. El Gran Capitán percibió con agudeza las ventajas que ofrecía. Abajo infantería española de comienzos del XVI (a la derecha un escopetero):







Fue tal el éxito de las citadas mejoras técnicas que en las Ordenanzas de Badajoz (año 1500) se prohibe que los pastores porten ballestas, azagayas o escopetas en el campo, pero se les permite llevar lanza o espada, un pequeño puñal y un cuchillo. En la expedición de Orán (1509) la caballería iba equipada con escopetas y vestía peto y espaldar con armadura de brazos, almófar, morrión, faldón, musequíes, guarda de rodillas, canilleras, zapato herrado y lúas de malla. Además de la escopeta llevaba espada de dos manos. No debió funcionar bien el invento, pues tras la campaña la caballería sustituyó la escopeta por el pistolete. Desde entonces la escopeta quedó relegada principalmente para la caza, pero en la turbulenta historia de España no fueron pocas las veces que los campesinos hicieron uso de ella para la guerra. Pero eso lo dejamos para una segunda parte. Abajo caballería de la expedición a Orán, izquierda escopetero; derecha hombre de armas.





A comienzos del XVI nuestra escopeta logró su carácter propio: arma de retrocarga con cañón más bien corto y ancho de ánima lisa. Su gran calibre lo hacía mortífero en distancias cortas, esa misma fue la causa de que tuviera tanto arraigo en un país con geografía tan tortuosa como la española. Similar al triunfo que tuvo en su momento a nivel local la ballesta sobre el arco. No es difícil imaginar el gran impacto que causaría en aquellos hombres del medievo un disparo del trueno de mano o escopeta, de hecho tal estallido le dio nombre al arma. Abajo una culebrina de mano en acción. 






Desconozco si algunas de las primeras escopetas tenían más de un cañón, pero existieron cañones de mano (uno de ellos llamado "palo de trueno") que incluían hasta cinco en un solo ejemplar, lo cual permitía disparar como un arma de repetición. Nótese que hasta la segunda mitad del s.XIX no aparecieron los fusiles de repetición. Ciertamente las escopetas típicas de dos cañones se basaron en estas primitivas armas portátiles. Abajo un ejemplar de cinco cañones (extraído de la web "Castra Lusitana" del Sr. Amo del Castillo).




viernes, 23 de mayo de 2014

La espada ropera

El origen de este tipo de espada se remonta a la España de mediados del s.XV. Juan de Mena en su coplas de la panadera (hacia 1445-50) la nombra, asimismo aparece en un tratado anónimo de montería de la misma época. Muy pronto pasó el arma a Italia y a Francia (rapiere) como atestiguan algunos documentos. En el centro y norte de Europa se conoció también con el nombre de espada a la española, confirmando con ello su origen peninsular.







"Ropera" tiene como raíz etimológica reup- (arrebatar) e incluye vocablos como "robar", "ropa" o "romper". Lo más probable es que el nombre de la espada se refiera a aquella que se llevaba con ropa civil, si bien no descarto que fuera empleada originalmente por rufianes y robadores con objeto de saquear al prójimo amparados por la oscuridad de las ciudades. Fue arma muy recurrida en duelos callejeros y en el uso de la esgrima, de hecho hay diversos tratados dedicados al manejo de este tipo de espada.




Entre los siglos XV-XVI era arma capaz de atacar con punta y filo, lo que las acerca a las espadas-estoques típicas de la Baja Edad Media. Abajo espada-estoque del s.XIV.





Desde el s.XVII su hoja se estrecha y pierde el filo, dejando de ser entonces una espada en el uso correcto de la palabra (entrando en la categoría de verdugos y estoques), aunque por tradición se la siguió llamando "espada". La denominación "ropera" se empleó originalmente para cualquier tipo de espada de cinta (o de ceñir) que se empleaba en el ámbito civil: desde diplomáticos, militares vestidos de paisanos o para corte y gala. Desde el s.XVIII se pusieron de moda los "espadines", espadillas decorativas muy en boga para ceremonias y pompa.





Dicho lo cual no debemos caer en el clásico error de buscar una forma, longitud y guarnición de la empuñadura (lazo, conchas o taza) estándar para la espada ropera. Estas características variaban bastante según la época, el lugar, las modas o el uso que se le daba. La etimología genérica de "ropera" y la propia historia sugieren por un lado que fue un tipo de arma de uso civil (nunca militar) con independencia de su morfología o tamaño. Por desgracia suele ignorarse que era una espada, además de ropera, así que podemos concluir afirmando que debió ser originalmente un tipo de espada-estoque de poco peso adecuada para llevarla vestido de paisano.



jueves, 26 de diciembre de 2013

Metralletas y subfusiles

Según del DRAE "metralleta" es sinónimo de subfusil, si bien es cierto que esta similitud es comúnmente aceptada en la lengua de muchos países de nuestro entorno, debo aclarar que no son armas similares. Hagamos un poco de historia: La palabra "metralleta" es la adaptación del francés mitraillete, voz creada hacia 1935, añadiendo a mitraille el sufijo diminutivo -ette, como equivalente a pistola ametralladora (pistolet mitrailleur).




No se sabe a ciencia cierta cuando llega la palabra al español, aunque el DRAE la acepta en 1970 debió haber calado hondo en el lenguaje militar con anterioridad. Fueron los años 30 cuando comenzaron a fabricarse metralletas eficaces, arma que procede de la pistola y no del fusil. Es probable que durante la guerra civil española (1936-39), periodo en el cual la compraventa de armas estaba a la orden del día, el vocablo "metralleta" apareciera por primera vez procedente de Francia.

En 1932 Mauser perfeccionó el famoso modelo de pistola semiautomática 1896 (C96) sacando al mercado el modelo "M712 Schnellfeuer". Esta pistola magníficamente elaborada estaba construida con más de 40 piezas elaboradas a mano. El modelo 712 incluye una palanca en el lado izquierdo del armazón, lo que le permitía seleccionar el disparo simple o completamente automático.




Durante la segunda guerra mundial los alemanes usaban el término "pistola ametralladora" como prefijo de todas sus armas ligeras automáticas. Fue desde la posguerra cuando se separaron los subfusiles tradicionales de las armas automáticas de pequeñas dimensiones que podían sujetarse y dispararse con una sola mano.




En las decadas de los 50 y 60 el concepto metralleta caló entre la población, pues fue necesario armar a las tripulaciones de los vehículos acorazados con potencia de fuego personal y también para ofrecer a la policía armas portátiles en operaciones urbanas o encubiertas. Hoy día no son corrientes entre las fuerzas armadas (aunque sí entre los criminales) debido a la dificultad de controlar su fuego.




Los subfusiles proceden, como la propia palabra indica, del fusil clásico. Los primeros subfusiles se fabricaron en Alemania al final de la Gran Guerra (1918). El Bergmann MP 18,1 pesaba 4,9 kg y era capaz de disparar 400 balas por minuto. Abajo pueden apreciarlo.




En los 50 y 60 el subfusil (submachine gun en inglés) fue eclipsado en gran medida por los fusiles de asalto en todo el mundo, pues presentaban en un mismo arma lo mejor del fusil y del subfusil, alcance y potencia de fuego. Abajo fusil español CETME modelo C (1964).





Desde hace unos 20 años los subfusiles han vuelto ha ganar popularidad entre la policía y las fuerzas de seguridad. En definitiva las metralletas, al igual que las pistolas, pueden usarse eficazmente con una sola mano mientras que los subfusiles tienen mayor alcance, peso, un cañón más largo y tienden a emplearse con ambas manos. Algunas metralletas incorporan una culata desmontable que las hace parecer subfusiles, en determinados casos no es fácil distinguirlas. Abajo subfusil Ruger MP-9 (1994).







viernes, 5 de abril de 2013

Cascos

Ningún arma defensiva ha acaparado tantas páginas como el casco, es de justicia que merezca un estudio que lo coloque en el lugar que le corresponde. Como imagina el lector, el término se usa indiscriminadamente para designar cualquier armadura de la cabeza, eso sin contar otros usos más modernos. Casi siempre el significado de las palabras varía cuando tornan los usos, el casco no es ninguna excepción.






"Casco" tiene como raíz kwet- (sacudir, agitar). El latín Cassis pasó al latín vulgar con la forma cassicum y de aquí casco "pedazo de vasija o teja roto" "armadura de la cabeza", por otro lado "cascar" procede del latín vulgar quassicare. Casco es también el hueso cóncavo que cubre la cabeza y contiene dentro de sí los sesos y el cerebro, se dijo así por la semejanza que tiene con cualquier casco de vasija redonda de barro.




No es casualidad que los romanos llamaran al casco del guerrero cassis  y posteriormente los  bizantinos chassis.







El chacó (procedente del húngaro csákó) era el casco propio de la caballería ligera del s.XIX, y aplicado después a tropas de otras armas. Abajo vemos diferentes modelos.






En cuanto a "Craneo" tiene como raíz ker-1 (cuerno, cabeza). Del griego procede el latín cranium "cráneo, casco". Como se sabe el cráneo es la caja ósea en que está contenido el encéfalo. Tampoco es coincidencia que los antiguos griegos llamaran kranos al casco militar. No debe olvidarse el vocablo "tiesto" proveniente del latín testu "tapadera de barro" y "vasija de barro"; derivado es tiesta (antiguamente testa o cabeza) que se tomó del italiano testa "pedazo de cacharro", de donde figuradamente "cabeza" y dialectalmente "frente". Los andalusíes del s.X usaban un casco de hierro llamado tishtaniya, palabra conocida por los godos hispanos y que procede del latín testinia. Abajo un par de kranos griegos.






Con estos pocos ejemplos puede comprobarse que el casco fue arma defensiva común a diferentes pueblos en todas las épocas. El casco del soldado es en sí mismo la armadura ajustada al cráneo. Pero no cualquier armadura, debe tener base con forma de vasija rota, y no puede ser de otro modo ya que en sí mismo el cráneo tiene forma de pedazo de vasija o medio melón.




Dicho esto vamos a describir otros de los cascos más conocidos:



Bacinete: Casco militar que procede de "bacín" (palabra ya conocida en el s.XIII), del latín tardío bacchinon, de origen desconocido pero seguramente relacionado con bacía. Bacía o bacieta es voz emparentada con bacín y con varias palabras del latín tardío (baccea, bacausa, bacchinon, bacar, de significado análogo); el origen último (quizá galo) y los pormenores relativos a la forma de bacía son inciertos, pero es verosímil que en España proceda de allende el Pirineo, quizá del francés anticuado bassie, que parece ser forma dialectal correspondiente al latín vulgar bacceata, derivado del citado baccea. Abajo bacinete del s.XIV.





El bacín o bacina era el vaso de barro vidriado (a menudo alto y redondo) que sirve para recibir los excrementos cuando se descarga el cuerpo. También la usaban los bárberos y algunos mendigos para pedir limosnas. El bacín no tiene una forma estándar, depende mucho del uso que se le de y la época o país al que pertenezca. Esa es la razón por la que existen bacinetes de morfología dispar. Abajo algunos bacines para diferentes usos; formas parecidas las he visto en cascos medievales, seguramente los llamaban "bacinetes".







En el museo de Estruch se hallan dos bacinetes (así denominados allí) harto interesantes. El primero, del s.XVI, está repujado y cincelado.





El segundo es del s.XVII y está rícamente grabado.





El casco conocido como "almete" es acortamiento de "bacinete de almena", más reforzado que los corrientes y de muy general uso en Alemania. Nada tiene que ver almete con "yelmo" ni etimológica ni morfológicamente. Abajo almete.







Hay una sola cosa que tienen en común todos los bacinetes (y bacines): su boca o base está ligeramente torcida hacia el exterior, posiblemente con objeto de repeler hacia afuera los golpes recibidos en la cabeza. A menudo se confunden capellinas con bacinetes. La capellina tenía normalmente una base o boca corriente y una parte picuda en la zona trasera de la coronilla, como un capucho. Abajo capellina celada.







Borgoñota: Casco ligero común entre la caballería ligera con visera movible, aunque ordinariamente no la tenía y dejaba el rostro al descubierto, imitando la forma de algunos cascos de la antiguedad clásica. Se cree procedente de Borgoña, se puso en boga a comienzos del s.XVI y se componía de crestón, sobrevista, guardanuca y carrilleras. Se conservan muchas de gran riqueza, de la época del Renacimiento, obras del mejor gusto y con asuntos históricos y alegóricos.




En Italia las borgoñotas se conocían también bajo el nombre de "casquete" (casquetel).  Las que tenían visera se abrían por debajo, llamáronse en España celada borgoñota






Casquete: La palabra se usaba como diminutivo de casco y algunas veces como craneo. Sin embargo frecuentemente se empleaba para designar a la cubierta circular y honda que se hace de lienzo, cuero o seda para cubrir el casco de la cabeza, si bien los había que se fabricaban de acero o hierro. Podía llevarse como protección adicional y comodidad bajo otros cascos o como única defensa de la cabeza, en éste último caso solían ser de acero o hierro (como la borgoñota).







En Inglaterra llamaban al casquete skull, siendo además esta palabra sinónimo de "craneo". 







Cervellera y celada: Raíz ker-1 (cuerno, cabeza). Del latín cervix "cerviz, cuello". La misteriosa cervellera medieval tiene la misma raíz etimológica que "casco", lo cual me lleva a pensar que se trataba de un casco con protección para la nuca. Afortunadamente existen multitud de ejemplos de cascos de este tipo en dibujos de la época y museos de armas. Todo ello avala esta hipótesis. 
  
 




Las primeras cervelleras o cerbelleras aparecen a mediados del s.XIII. Desde el siglo XV muchas de ellas fueron equipadas con visera móvil o fija para ofrecer mayor protección, aunque también las hubo sin visera (llamada "celada descubierta"), se conocieron popularmente con el nombre de  "celadas".  La celada fue propia de arqueros (especialmente la descubierta) y ballesteros de los siglos XIV y XV, no obstante algunos magnates la emplearon en la guerra.






Este casco siguió en uso en adelante, así en el inventario de la Armería de Segovia, 1504: Una cervillera guarnecida toda de argentería, con una vista y un barbote dallo mismo. Durante la expulsión de los moriscos valencianos por parte de Felipe III en 1609 se confiscaron muchas armas, entre ellas había más de 1500 cervelleras.







El término"celada" se usó como adjetivo con otro tipo de cascos a los que igualmente se les colocó una visera que cubría el rostro, la prueba es la amplísima variedad morfológica existente: Existían borgoñota celada o celada borgoñota, morrión sin celada, celada morrión, celada con barbote, celada con babera, celada completa, celada con su barbote, celada de engole, etc.







Otros cascos: Algunas armaduras de la cabeza pueden entrar en la familia de los cascos, así el morrión fue el casco-sombrero típico de los artilleros españoles que conquistaron las Américas. 




Kabuto es el nombre que se da en Japón para el casco, su forma lo delata como tal.





Entre los siglos VIII-V a.C. los primitivos kranos griegos fueron añadiendo protección a la cabeza, fabricándose de bronce o hierro. Llevaban un forro acolchado para atenuar los golpes. Desde el s. V a.C., se redujo el tamaño de las carrilleras para ganar en ligereza y audición. Fueron las carrilleras (fijas o móviles) el factor común de algunos cascos. 






A comienzos del s.XV aparece en Italia un casco a imitación de los antiguos kranos que se llamó barbuta (palabra que en italiano significa "babera"). La barbuta sobrevivió hasta 1480. Abajo vemos una.






sábado, 16 de marzo de 2013

Capillos III: Sombreros

Posiblemente sea el sombrero el capillo más usado en la historia de la humanidad. Como no podía ser menos se aplicó también a la guerra. De ellos analizaremos brevemente algunos de los tipos más conocidos de la panoplia histórica, sabiendo que hubo muchísimas variaciones locales en los cinco continentes. Sepa el lector que muchos de los "cascos" que pueden verse en libros de esta temática no son más que adaptaciones militares basadas en sombreros civiles. Afortunadamente ni las palabras ni las imágenes mienten, por eso considero que el asunto puede ser investigado racionalmente sin hacer demasiadas piruetas. Peores me las he visto.



"Sombrero" viene del latín umbra "sombra". Se aplicaría primero al de alas muy anchas, comparado a un parasol; sin embargo también significó "parasol". Es vocablo conocido desde al menos comienzos del s.XIII. Procedente del italiano cappello existe otra palabra antigua sinónima a sombrero en castellano: "capelo", que posteriormente derivó en chapelo y después chapeo. Aunque suene a perogrullo es dato capital aceptar que todos los sombreros tienen ala y dan sombra, incluso los que se usaban para la guerra...




Petaso: Era el sombrero típico de los campesinos de la Grecia antigua. Su uso está documentado tanto en el ámbito civil como en el militar. Para la guerra se fabricaban a veces de bronce con objeto de proporcionar mayor protección.




Gálea: Fue el sombrero militar propio de los romanos fabricado de metal o cuero duro, los gladiadores hicieron buen uso de él. Procedía del galerus llamado así porque se fabricaba con piel de marta. La gálea gladiatoria contaba con una búcula o visor que permitía cubrir el rostro.




Lejos de quedarse en la Antigua Roma, la gálea siguió usándose en la Europa occidental hasta el s.XIII, al menos en Francia e Inglaterra. Entre las tropas carolingias fue extremadamente frecuente. El guerrero de abajo a la izquierda lleva la típica gálea acompañada de brunia con mangas y espada.







Capelo de hierro: En multitud de documentos franceses y españoles medievales se habla de capels de fierro (capelet en Cataluña), chapels de fer, etc. Pues bien, no eran más que adaptaciones de sombreros locales fabricados con hierro para emplearlos en la guerra. Lo diré de otra manera: no había una forma similar para todos pues es de suponer que cada país y región tendrían su propio modelo de sombrero. Para identificarlos se debe observar con detalle (y algo de sentido común) aquella armadura de cabeza con ala incorporada. No olvidemos que "Capelo" es palabra genérica que incluye todo tipo de sombreros.




Capacete: Del catalán cabasset, derivado de "capacho", procedente del latín vulgar capaceum, derivado de capere "contener" y de su derivado capax "que tiene cabida". En otras palabras el capacete es un sombrero con forma de capacho.




Cestinia: Nombrada en la España del s.XI como parte de la panoplia de un soldado que carece de armadura para la cabeza. Debió ser similar al capacete. Muy posiblemente procedente del latín cista "cesta".






Kasa y Jingasa: El kasa es un sombrero tradicional en Japón. La palabra se traduce como "sombra" o "sombrilla", así que con todas las de la ley es un sombrero. Cuando se empleaba para la guerra tomaba el nombre de jingasa (literalmente "sombrero de guerra") y se fabricaba con hierro, cuero, o cobre.





Sombrero: La propia palabra "sombrero" también se empleó por parte de los militares. Así tenemos en la Crónica de Álvaro de Luna (s.XV): E luego el rey que estaba armado de todo arnés, demandó el armadura de la cabeza e diéronle un sombrero de azero... Hay también constancia del uso de sombreros de fieltro entre las tropas renacentistas, en una época en la que el vocablo "capelo" quedaba ya anticuado. Es de suponer que en los climas cálidos los soldados llevaran puestos sombreros civiles en sus travesías. 




Morrión: Tipo de sombrero metálico español que fue común entre los artilleros del Renacimiento debido a que la forma de su ala permitía amplia visibilidad.